LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS (1)

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Reunión de la KTE/ATC 1992, Asociación de Técnicos Culturales de Euskadi de efímera existencia.

Los días 8, 9 y 10 de marzo se celebrará en Valladolid la III Conferencia Estatal de Cultura,  organizada por FEAGC.  Es seguro que, dada la calidad y la acreditada trayectoria de los ponentes, la Conferencia abordará con inteligencia los asuntos del sector de la cultura en este momento de tránsito.

Seguramente no será importante, pero el cuerpo me pide, aunque sea fuera del orden del día, hablar de los hasta ahora hacedores de gran parte de las políticas culturales de los últimos treinta años: los técnicos culturales. Esos que antaño llamaban “Animadores SC” y posteriormente gestores o programadores. Ahora… ¡cualquiera sabe!

Gestores, parte importante del ecosistema cultural. En su momento, piedra angular en la reconstrucción del sistema cultural español post dictadura. Ellos y, ¡por supuesto!, los creadores, sin los cuales no habría ni gestores ni políticas culturales.

Vaya por delante que esta no es una reflexión nostálgica, ni autorreivindicativa, ni un ajuste de cuentas. Es, sin más, una pequeña aportación antes de que esta generación se retire del todo por causas naturales.

En esta reflexión me voy a centrar en algunas de las obsesiones que algunos de los más veteranos venimos compartiendo y que recientemente he visto plasmadas en un excelente relato de Luis Ben para la revista Periférica, fruto de un encuentro de acreditados expertos, algunos amigos, de la gestión cultural: Eduard Miralles, Roberto Gómez de la Iglesia, Mikel Etxebarria, Miguel Zarzuela, Javier Valbuena y José Ramón Insa.

Como bien dice el relator Luis Ben,” las canas pueblan las oficinas públicas de la cultura” en contraste, añadiría yo, con la juventud de los nuevos gestores culturales a la intemperie. Precariedad le llaman, con razón.

Gestores culturales, los primeros, y, quizás, los últimos profesionales de la gestión cultural pública, de ahí el título del artículo.

Decía un Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid que para defender la Sanidad Pública no era necesario que los médicos fueran funcionarios.

Es posible que muchos de los jóvenes que están peleando por hacerse un hueco en la profesión de gestor cultural piensen lo mismo. Y, sobre todo, muchos de los creadores han interiorizado que los actuales gestores públicos son la barrera y el obstáculo de sus aspiraciones.

Algunos actores piensan que ellos son los más capacitados para dirigir un teatro. Puede que en algún caso así sea, como también que un médico pueda dirigir un hospital. O que algún gestor pueda ser un buen actor, escritor…Este no debiera ser el debate. Hay juego para todos los agentes.

Desde luego, dentro de la función pública hay muchos que lo piensan y hacen todo lo posible por demoler el edificio institucional de la cultura, como parte del Estado de Bienestar. Con la implacable voluntad de los neoliberales, que operan desde dentro. Eso y la incapacidad de algunos de los gestores y la desesperación de los jóvenes que aspiran a dar el relevo, todo suma para derruir lo construido. Pero de las ruinas del sistema público solo va a sacar provecho el sector privado de la cultura más cutre y “aprovechategi”, generando más precariedad en el empleo cultural.

De nada valen las quejas solitarias a ambos lados de la barra. La solución pasa por planificar el cambio en la gestión cultural pública mediante una especie de Plan Renove, una especie de “contrato relevo” en el empleo cultural público.

Los senior podrán retirarse con satisfacción y dignidad transfiriendo los conocimientos acumulados, y los jóvenes podrán contrastar con ellos sus conocimientos pegados al terreno y a la actual realidad. Sumando ambas realidades el relevo generacional sería beneficioso para las políticas culturales públicas, siempre que se rectificasen algunos de los vicios acumulados en los procesos de acceso al empleo cultural: de-mérito, in-capacidad, no-transparencia, in-trusismo…

Lo que no es solución, y llevamos casi una década con ello, es traspasar competencias y materias de los departamentos de cultura a los de promoción económica, el abuso en la creación de estructuras /empresas públicas donde los filtros de acceso se relajan hasta lo indecible o, lo que es peor, la ocupación intrusiva de cargos políticos en responsabilidades profesionales en materia de cultura.

Hace treinta años nuestras referencias eran el activismo cultural comunitario del que procedíamos muchos. La oferta pública se limitaba a unas escuálidas bibliotecas, a unos decadentes museos y a algún festival casposo. Por supuesto, pocas referencias literarias y académicas.

Los amigos del Moncayo se preguntan sobre nuestras aportaciones al corpus teórico de la profesión, sobre la aportación de la Universidad, sobre la falta de espacios donde pasar de la teoría a la práctica y viceversa.

Por momentos se dejan llevar por el pesimismo o el exceso autocrítico y llegan a afirmar que “ha sido más cómodo pasar a ser programador, movedor de recursos…”.

Un inclinado al optimismo como yo piensa que estos años no han pasado en balde. Entre todos hemos sentado las bases del sistema cultural español. No hay duda, tenemos más conocimiento que nunca. Insisto, si sumamos los trienios acumulados por los más veteranos y las ganas y conocimientos de los más jóvenes y lo traducimos a un “Plan Renove” del empleo cultural público podremos rectificar los vicios adquiridos y sentar las bases de un nuevo sistema cultural adaptado a la realidad actual.

Pero esta deseable renovación del mapa del empleo cultural solo es posible si cambiamos radicalmente el marco en el que se desenvuelven las actuales políticas culturales, porque la renovación de los agentes culturales no es suficiente para dar el giro estratégico que se necesita.

Como tampoco soluciona nada las propuestas de mejora del estatus de los creadores. Necesarias, sí, pero insuficientes.

Cada vez estoy más convencido de que si queremos mantener la Cultura en el núcleo central del Estado del Bienestar debemos abordar una ley general que regule y desarrolle los derechos culturales y el sistema cultural con todos sus agentes. Lo contrario es ir poniendo parches.

MIKEL TORAL

PD. Me dice Pello que no está de acuerdo con lo que planteo. Del todo, yo tampoco,  No será el único. Seguro que tiene razones y las plasmará en su próxima entrega. Posiblemente yo tenga que explicar mejor esta aparente defensa a ultranza del gestor público. Los que me conocen saben que lo mío no es el corporativismo, podría haberme extendido en las maldades de los gestores públicos pero prefiero hacer una propuesta positiva, quizás ingenua,  que permita enderezar el rumbo de las actuales  políticas culturales.

2 comentarios en “LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS (1)

  1. Poxpolo dijo:

    Hum! Cazadora negra, pantalón rojo, carpeta en mano. Según se ve la foto, el de ´”más a la izquierda” entre los agachados.
    Situación: agotado. Respuesta al evento: imposible asistencia, aunque deseoso de ir. Localización: en la trinchera de la gestión cultural de lo público.
    Opinión: los de siempre… y algunos sobran, jode que si se sobran… en ese elenco de estrellas y gurus de la gestión cultural…
    Recordar “el manifiesto de resistencia plástica” de José Ramón Anda, Ricardo Ugarte de Zubiarrain, Koldobika Jauregi, Iñaki Moreno Ruiz de Egino, Jose Zugasti, Iñaki Olazabal e Iñigo Arregi ante el ninguneo de uno de los gurus:
    GRUPO DE RESISTENCIA PLÁSTICA
    Y lo explico ante el rechazo de nuestra presencia en Donosti 16…………..
    en esta Casa de Cultura nos juntamos 7 veteranos escultores o soñadores del volumen, condensando alrededor de 50 años de vivencia en la creatividad, testigos de nuestro tiempo,manchados y marcados por su huella,… soldados al fin a la cultura visual de este país….
    …Como defensa ante el virus actual de influencia socio-cultural de agentes profesionales de la cultura que se erigen en artistas y gurús de la vanguardia camuflados en sus redes metalingüísticas que ensombrecen y ningunean el hacer visual de los que no sigan su discurso o intereses.…
    …No sé si seremos un broche de oro a Donostia16 a pesar de nuestra exclusión como generosamente ha escrito un periodista al que agradecemos su importante apoyo en estos momentos, pero sí lo es con seguridad un broche de hierro, de madera, de alambre, plástico, aluminio, zinc,…,y demás materiales con el que nosotros hemos visualizado la realidad de este país durante los últimos 50 años, tiempos de paz y violencia, de crisis y bonanza, de atracciones y repulsas, de encuentros y desencuentros, de naufragios…De tratar de mostrar los variados caracteres del lenguaje de la naturaleza….Nosotros sí creemos que seamos una ola de energía, una txampa limpia, esbelta que ha volado lo suficientemente alto antes de llegar a la orilla, una ola de energía, plena de autenticidad…es decir parte de la cultura visual de este país…. Ser o no Ser de nuestra presencia resistente ante unas jerarquías culturales moribundas, que desvían en interés propio sus funciones….La reciente desaparición de la filosofía, última asignatura de Humanidades que permanecía en nuestros colegios e ikastolas, es una muy mala noticia, un testimonio claro de que nos quedamos sin raíces, no hay árbol ni crecimiento que pueda surgir si no es de tierra bien abonada en la cultura, con lo que ello supone al estar expuesto a los violentos vientos de los torpes intereses de este mundo…Sin ella no puede existir auténtico desarrollo, madurar criterios y recorridos propios, más bien sólo parches y no buenos destinos, la evolución desde lo más profundo del conocimiento…

    En Donostia 15 de diciembre del 2016

    Caüen… a disfrutar

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